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Historia | Cultura | Sociedad | Religión

Sobre izquierda, posmodernidad y transexualidad

Introducción

Será esta una entrada más o menos larga. Si me lo permiten, me gustaría ser su Virgilio en esta travesía de descenso a los infiernos. Habrá dolor, y angustia, pero todo el sufrimiento que se leerá en estas líneas espero que sirva como llamada de atención sobre un tema no poco importante. Hablaremos sobre la relación de la transexualidad con la izquierda, de la posmodernidad como su sustrato ideológico y los efectos dañinos en las personas transexuales. No busco con este escrito generar daño alguno si acaso lo contrario, mi voluntad generar conciencia sobre un problema que está dañando a demasiada gente. Si mis torpes palabras causan ofensa a alguno, les pido disculpas de antemano.

Hace unas semanas publicaba una entrada sobre el posmodernismo y su influencia en el relativismo de las sociedades contemporáneas. Se trata de un breve artículo introductorio del que me gustaría rescatar algunas ideas, pues serán útiles al lector para contextualizar las líneas vendrán después.

              De un tiempo a esta parte, el posmodernismo ha conquistado espacios de forma progresiva en el espacio académico, político y social. Muchos de sus principios se han vuelto cultura hegemónica y forman ya parte del ideario de Occidente. Uno de ellos que, a mi juicio, considero realmente peligroso es el relativismo: lo real y lo cuantificable no existe; el mundo solo puede ser leído en clave subjetiva, pues los fenómenos que tienen lugar en él únicamente son experimentados por individuos.  No profundizaremos en los diferentes tipos de relativismos; han sido tratados ya en la entrada anterior y estimo que el lector tendrá suficiente con la definición aportada.

Origen del posmodernismo, sustrato ideológico de la izquierda hegemónica actual

Los postulados relativistas beben de la llamada hipótesis de Sapir-Whorf. Según estos dos autores, el lenguaje influye en los modos en los que se articula el pensamiento y la percepción humanas y, por tanto, las visiones del mundo experimentadas por los individuos son inconmensurables entre sí. Estos principios, discutidos y matizados hoy en día, fueron recogidos e integrados en los paradigmas de los principales autores posmodernistas. Estos, partiendo de la hipótesis precedente, consideran al lenguaje como un instrumento que moldea y crea realidades; el ser humano se vuelve, de este modo, una especie de demiurgo, un artesano que hace y deshace a placer sirviéndose del lenguaje como instrumento.

          Estas ideas estuvieron en cuarentena durante un tiempo, se desarrollaron sobre todo en la academia francesa en individuos como Michel Foucault o Jacques Derrida. Empezaron a extenderse con la mejora en las condiciones materiales de buena parte de los ciudadanos que habitaban en las democracias occidentales y la aparición de las clases medias. En este momento, la izquierda política necesitaba dotarse de un nuevo discurso, pues el antiguo —basado en el enfrentamiento de un proletariado con una burguesía dominante— se encontraba ya muy desgastado. La caída de la URSS en 1991 supuso una epifanía para aquellos sectores izquierdistas más recalcitrantes y reacios a renunciar a las viejas formas.

Los cambios experimentados obligaron a modificar las estrategias electorales; ya no podían apelar al viejo obrero que, en realidad, había dejado de serlo, pues con el paso del tiempo se había convertido en propietario, se iba de vacaciones y tenía a los niños en la universidad. Todo esto gracias a su trabajo en las muy proletarias Seat o Citroën. Sin duda las condiciones habían cambiado.

               En realidad, la izquierda nunca abandonó la retórica marxista basada en opresores y oprimidos; lo que hizo tras estos sucesos fue modificar los sujetos políticos receptores del discurso. De este modo, el proletario —que ya no era tal— fue sustituido por las minorías y el burgués, por el opresor genérico; este último representado en todo aquel que ose poner en duda las experiencias y el estatus de las primeras.

               En resumen, los cambios políticos, sociales y económicos ocurridos en los años 60, 70 y 80 modificaron las articulaciones discursivas de la izquierda. Ya no era posible recurrir a una retórica basada en el enfrentamiento entre proletarios y burgueses: los primeros habían dejado de existir con la mejora de las condiciones de vida que habían tenido lugar esos años. Como respuesta y, para no quedar huérfana de electorado, la izquierda empieza a poner el ojo en las minorías sociales, creadas discrecionalmente gracias a las tesis relativistas y que se adaptaban bien a la vieja lógica de opresores y oprimidos de tradición marxista.

La creación de un nuevo electorado: los transexuales como sujeto político

Para potenciar y ensanchar a este nuevo electorado se fue ampliando progresivamente el concepto de minoría. En este punto, se produce el rescate de las ideas posmodernas que habían estado guardas en el cajón. Siguiendo sus principios lingüísticos, la izquierda podía engendrar una cantidad ilimitada de minorías oprimidas, tantas como permita la gramática castellana. Hoy en día tenemos minorías queer, personas racializadas, homosexuales, lesbianas, no binarias, pansexuales, bisexuales, asexuales, demisexuales, intersexuales, género fluido y un sinfín más. Sepan que me he visto obligado a recurrir a internet; desconozco qué demonios significan la mayor parte de ellas.

      Dentro de esta especie de desfile de oprimidos, hay uno que está gozando de cierta importancia actualmente: los transexuales. Lo integran todos aquellos que se identifiquen con el género opuesto a su sexo biológico y que no reconocen ni identifican como suyo su cuerpo físico. Para poder solucionar su problema recurren a tratamientos como la cirugía —genitoplastias y mastectomías— y las terapias hormonales a base de estrógenos o testosterona. Todos estos procedimientos son muy invasivos y, como ya sabrán ustedes, irreversibles en mayor o menor grado.

              No es ningún secreto que la izquierda hegemónica parece amparar con entusiasmo a este colectivo; cuantos más se alisten, mayor número de votantes y mayor legitimidad para su perorata política. Por ello, se fomenta el discurso transexual entre la masa poblacional, incluso entre niños, a través de instituciones públicas y privadas. No me turba que se hable sobre el tema, pero me preocupa que se enmascare de protección y asistencia lo que es mera búsqueda de rédito político: las personas transexuales no están siendo amparadas por la izquierda, están siendo explotadas por ella en un proceso deshumanizador que torna al individuo en un medio en lugar de un fin. Votos. No deja de resultar curioso que a medida que se amplían los derechos de los animales, se produzca semejante abandono del ser humano; cosificado y ofrendado en el altar en nombre del progreso.

Como ya se ha señalado anteriormente, los cambios necesarios para consumar el tránsito de la persona transexual requieren de procedimientos sumamente intrusivos e irreversibles. No hay vuelta atrás. La imprudencia y ambición electoralista de la izquierda está empujando a muchas personas a un callejón sin salida; una destrucción de vidas gracias a un discurso político que trivializa el proceso de transición con el objetivo espurio que hemos nombrado. Pese a las potenciales sensibilidades que puedan ser heridas, es necesario hablar sobre el asunto desde el respeto, la dignidad y la tolerancia que todo ser humano merece.

El descenso a los infiernos: consecuencias en la transexualidad

Hace unos días, topé yo en Reddit —uno de los foros de Internet más populares del mundo— un sub foro llamado detrans. Lo pueblan personas que han sometido sus cuerpos a terapias de transexualidad. Allí encontré auténticas historias de terror. Como aquel que se anticipa un gran mal, la propia página tiene una etiqueta denominada «cry for help» —cuando un individuo escribe una entrada en Reddit, puede vincularla a determinadas etiquetas que aporten información sobre lo que se va a leer— que podríamos traducir, si me perdonan la imprecisión, como «grito de ayuda». Dentro de esa etiqueta se escondían decenas de entradas de gente totalmente desesperada; se habían sometido a tratamientos de transición y, tras un tiempo, habían empezado a mostrar signos de arrepentimiento: hombres y mujeres engañados cuyo único refugio y consuelo es un foro medio oculto en la red. Vean algunos ejemplos:

«I should have listened. This is my punishment. It feels like I’m in a nightmare, a living hell. This doesn’t feel real. I just need some guarantee, some certainty. Can my voice get better? I just can’t do this… I can’t live like this….. It’s going to break me. I can’t do this.»

«My voice isn’t just swollen, it’s dropped an octave. People keep saying I just have to wait a few months and my register will mostly return but what if it doesn’t? I feel like a circus freak. I can’t stop crying. I was just starting to feel happy with my life, too. Now I’m back to feeling suicidal 24/7.»

«I was on T for 5 months. My voice will never be the same. I feel u comfortable in my femininity now as I am so insecure. I used to be beautiful. Now… I feel like a mess. My acne won’t go away, my face looks different, my hairline is what makes me the most upset. I want my hairline + voice back but I can’t have that. Help. I’m sick of praying and fixating. I need answers or I’m going to lose it:(.»

«I feel like I’ve cycled through every stage of grief multiple times. I keep crying, trying to pretend it’s not a problem, praying to god, everything I can think of. I can’t believe a measly three months would be enough to ruin my life. I just want my old voice back. I feel like it’ll never return and I’ll have to spend thousands on a surgery that’s not guaranteed to even make me sound like myself again. It’s genuinely crushing enough to make me consider suicide.»

«I hate myself… I hate that I made myself look so stupid, I hate that I ruined the relationships with my friends and family and destroyed any chance I have at being successful in life in pursuit of something that could never ever happen.»

«I wish how I felt about transition hadn’t changed, or I wish I hadn’t done it. I can’t stand being in this middle ground. I can’t take it anymore.»

«I’m on the verge of killing myself. It’s become a massive issue. It just doesn’t go what makes it better Jesus Christ.»

Las palabras que acaba de experimentar el lector son gritos ahogados de auxilio, ¿acaso alguien se va a hacer responsable de tanto dolor? De momento, la respuesta parece negativa; mientras, la gente padece. No le quepa a ustedes ninguna duda, el sufrimiento expresado por estas personas es mayúsculo: sin identidad, con cuerpos que ya no reconocen como suyos, alienados por personas que solo ven en ellas un recurso más que usar para alcanzar sus fines; manoseados cuando servían a propósitos, abandonados cuando ya no sirven. El ser humano como producto de usar y tirar en grado superlativo.

Su cosmovisión del mundo acaba desquebrajándose en un determinado momento. Sus esquemas de comprensión, sus lógicas culturales, sus formas de interacción social, sus gustos…cambian. Se produce en ese momento una epifanía desoladora que les deja sumidos en la angustia más absoluta. Todo individuo que pasa un trance de este tipo padece; es extremadamente doloroso ver que todo aquello en lo que creías no es más que un artificio, una bella mentira vendida como bálsamo de Fierabrás para aliviar y reconfortar el alma. De hecho, muchas de estas personas acaban reconociendo que presentaban cuadros de trastornos psicológicos durante la adolescencia que no fueron debidamente tratados y que, en cierto modo, condicionaron su percepción sobre la transexualidad. Con todo, existen casuísticas variadas; en otras ocasiones, deciden emprender el viaje animados por su propio círculo de amistades —sobre esto habla Abigail Shrier en su libro Un daño irreversible—, otros decidieron hacerlo ante la falta de oposición de médicos y profesionales y, bastantes, animados por los vientos de la ideología dominante.  De nuevo, más ejemplos:

«I walked into that clinic and no one asked me why I was really doing this. No one asked me if this was a stressful time in my life. No one asked me if maybe I just wanted to feel special or safe or young or hopeful, or any of the things I know I was thinking when I made the decision to start.»

«First came my mother. After leaving my wife beating father, she told me that men are monsters. Horrible people who don’t care about others and are violent, angry creatures and that I should never be like that. I was clearly told, don’t be a guy […] Suddenly, I get a cascade of images and thoughts throughout my life. From guy friends, assault from a guy, guys being horrible. Horrible. Horrible. All the way down to my mother telling me that men are horrible.»

«I’m really concerned about this hyper fixation on «oppression for being a woman» because it’s this attitude that’s caused a lot of women and girls here to have transitioned to begin with. To me, when I read all these comments and posts about how it sucks to be a woman, I just think it’s inspiration to retransition and it could respark feelings of dysphoria. If it sucks so bad being a woman, then wouldn’t you be tempted to retransition? I believe we need to be more careful about what we say regarding this topic.»

Destacan también las entradas que advierten a otros sobre la velocidad de las terapias de conversión. Según señalan, los tratamientos hormonales manifiestan sus efectos en el cuerpo con prontitud, especialmente respecto a los cambios de voz. Puede parecer este un tema menor —si lo comparamos con la cirugía, inmediata y claramente perceptible—, pero semeja que uno de los reclamos que se usan para incitar a la transición es su progresividad; es decir, se les transmite que el proceso de conversión se produce poco a poco de modo que el sujeto podrá ir viendo cómo van sucediendo los cambios y, en caso de duda o arrepentimiento, podrá revertir el procedimiento. Vamos, como quien va a un supermercado y recibe unas muestras de tablas de quesos y jamón: pruebe y, si queda satisfecho, compre un poco para llevarle a sus primos de Cuenca. El problema es que no es así:

«They tell you that you can try it out and see how you feel and you can stop any time if you don’t like it. This is not true! It is a commitment from day one. These changes are fast! You must be 100% sure, and not just experimenting. Get serious evaluation and therapy first! Do not think it will be slow enough to catch problems before they are irreversible. These are all things I was mislead about. The story that it takes months to see any real change is completely misleading.»

«How did my voice drop to a baritone level in 2 months?? 2 months????? That’s not natural. It’s too fast, it must be reversible swelling. I just need something, anything, anyone to tell me that yes, my voice is okay and it will return. I’m so desperate. Please.»

Se podrían mostrar mil ejemplos más de muchos de los problemas que están causando estas terapias de conversión. Creo, sin embargo, que el lector tendrá suficiente con los expuestos, pues mi objetivo no es discutir sobre un tema del que reconozco bastante ignorancia, sino mostrar una problemática velada sobre la que muchos callan y que está causando grandes males. Insisto, no se puede instrumentalizar a las personas de este modo; intento hurgar en mi memoria, buscando ejemplos de mayores engaños, mentiras y agravios y reconozco que no encuentro alguno. Ni siquiera un animal de compañía soporta tal grado de abuso. Es hora de cuadrar las cuentas y enviar la factura a todos aquellos que han fomentado este fenómeno sin haber hecho la más mínima autocrítica. Tienen que pagar. Hay demasiadas almas en juego.

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11 respuestas a “Sobre izquierda, posmodernidad y transexualidad”

  1. Muy buen tema, sumamente desconocido y del que debería hablarse mucho más, pero como dices la ideología imperante lo impide, o incluso te encuadran dentro de un «discurso del odio» cuando en realidad es todo lo contrario.

    En cuanto al origen del neomarxismo (o marxismo cultural he oído llamarlo alguna vez) basado en minorías oprimidas contra mayorías opresoras (especialmente centrado en ir contra la raza blanca) solo había oído de nombre a los pensadores franceses que mencionas. Creo que fue clave la llamada Escuela de Frankfurt. Habría que investigar más este tema.

    Un saludo.

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    • La Escuela de Frankfurt (Adorno, Habermas et al) difieren de los franceses. Son marxistas, sí, pero racionalistas; creen que existe la verdad y la objetividad. La izquierda no siempre defendía las cosas que defiende hoy. Yo hay marxistas a los que respeto y de los que he aprendido mucho (Raymond Williams es un referente para mí, marxista, pobre, criado en Liverpool, gran estudiante super becado). Muchos de esos marxistas, si ven lo que es hoy la izquierda, se tiran de los pelos.

      Un saludo.

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  2. Llevo un par de meses de buscar todas las implicaciones que tiene la legislación acerca de los trans, principalmente en USA, aunque en Esàña la cosa tiende a ser un calco retrasado de lo que ocurre por ahí. Lo primero que me llamó la atención es que las leyes son demasiado taxativas y parecen escritas a golpe de eslóganes de activistas. Un ejemplo, suelen insistir en que las terapias a los niños con inicio rápido de disforia no cuestionen de ninguna manera lo que dice el niño, ni indaguen en las circunstancias en la que está. Es decir, limitan la actuación profesional a darle la razón al niño, sin más, porque todo lo que no sea asentir se considera terapia de reconversión y la legislación prevé alguna forma de castigarlo. En España tenemos el caso de una psicóloga andaluza que tiene que enfrentar un juicio por haber manifestado su opinión sobre estas limitaciones en twitter, con el problema añadido (para la libertad de opinión de esta persona y la de todos) de que ella no hace terapia de niños trans. Se limitó a manifestar su opinión. Eso con las leyes autonómicas actuales, una ley nacional restringirá aún más la libertad de opinión con la posibilidad de afrontar querellas por «delitos de odio». Este conjunto de leyes siempre tienen un cariz extraordinariamente impositivo. Para poner otro ejemplo, la «inclusión» de los atletas trans mtf en deportes femeninos, se hace en muchos estados de USA a golpe de ley que no contempla las diferencias de rendimiento entre los dos sexos, diferencias que no se suprimen por una «terapia» de bajada de la testoterona. A veces las cosas son mucho más extremistas, ridículas e ignorantes. En Connecticut y California, en categorías de instituto y universitarias, basta que un muchacho manifieste públicamente su disforia de género para poder competir en categorías femeninas, sin necesidad de tomar ningún tipo de bloqueadores hormonales. De hecho en Connecticut algunas deportistas pusieron una demanda estatal que finalmente perdieron, de modo que las cosas siguen igual, dado que «una mujer trans es una mujer». En Texas, una mujer no puede competir en deportes masculinos, pero… sí puede tomar terapia hormonal ftm (es decir tomar testoterona) mientras compite contra mujeres. Las leyes autonómicas de España no son mucho más lúcidas que esto.

    De modo que tenemos a hombres sin suprimir la testoterona en deportes femeninos no profesionales en Connecticut y California. Tenemos a mujeres tomando testoterona en deportes femeninos en Texas. Tenemos en España a una psicóloga que tiene que afrontar un juicio por haber manifestado una opinión en Twitter. Todo esto al amparo de leyes tajantes, restrictivas de la libertad de opinión de la sociedad y que restringen también la necesidad de las personas (muchas de ellas menores de edad) que atraviesan por una crisis de disforia de género.

    Siguiendo con los problemas que estas leyes con matices que son tan tajantes que rozan lo dictatorial están provocando están las familias de los menores, en edades que rondan la pubertad, que manifiestan disforia de género. Porque existen leyes autonómicas españolas que animan al profesorado a vigilar si algún/a de sus alumnos manifiesta una posible disforia de género, y a alertar a organismos administrativos antes que a sus propios padres.

    Esto es una locura, es gravísimo, y las consecuencias que tiene las has descrito tú en el post, pero también las vemos en las familas de estas personas, y en las chicas que son excluídas de becas y oportunidades en el deporte.

    Y con el soporte de medios de comunicación, redes sociales, y de los propios pares, efectivamente, existe un contagio social de la disforia de género. Por ejemplo, en Andalucía el número de casos se ha multiplicado por 28 en lo que llevamos de siglo.

    En lugar de contemplar este asunto e intentar brindar el mejor apoyo posible a todos los implicados… se formulan este tipo de leyes. Lo que implica que hay mucho poder detrás de estos grupos de presión que exigen las mismas, y esto es verdaderamente preocupante.

    Con respecto a las fuerzas políticas implicadas aquí, es interesante que en USA es la «izquierda» y grupos feministas cercanos a la política quienes amparan esto, lo combaten fuerzas de derecha. En UK, son las feministas terf las que se llevan las tortas combatiendo contra esto, algo similar pasa en España, tenemos a las «terf» soportando todo el acoso mediático y las «feministas» protrans haciendo activismo muy agresivo (impunemente) en la calle.

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    • Buenas, Irene. Pues sí, es una locura. El problema es que esto lo está pagando gente muy joven. Algunos de los testimonios que leí para el artículo eran de gente que había empezado a hormonarse con 14 años. Uno de ellos se quejaba de algo que tú has señalado en el comentario: la dejadez de los médicos. Cuando se dan cuenta del problema, señalan que les habría gustado que los médicos los desafiaran un poquito más. La cuestión es que no pueden, si lo hacen, acabarán siendo acusados de «transfobia». Están en una encrucijada.
      Por cierto, ¿tienes los datos de Andalucía?

      Un saludo.

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      • De Andalucía, te puedo decir que tengo dos nietos de quince años, uno gay y el otro no en diferentes institutos. Y los dos me dicen lo mismo «abuelo, estoy hasta la polla de que me digan que los tíos somos lo peor y que lo que pasa es que no nos hemos planteado seriamente nuestra sexualidad. Y eso, abuelo todas las semanas, y nos da igual que nos castiguen en cuanto llega la de los pelos de colores, los chicos y alguna chica nos levantamos y nos vamos» Están los críos hartos.

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      • Doy fe. Hay que ser consciente de una cosa; yo soy historiador y algo que he aprendido estudiando es lo siguiente: la propaganda y el adoctrinamiento constante no sirven para cambiar opiniones. Al revés, generan un rechazo enorme; se sienten manipulados. La única forma de éxito para este tipo de prácticas es un control ABSOLUTO por parte del Estado; es decir, una Alemana nazi o un modelo soviético/chino. En una de mis clases se hizo un debate sobre feminismo (por voto de los alumnos) y los chicos más de derechas pasaron totalmente, ni siquiera daban su opinión (que yo sabía que era contraria y me esperaba que entraran al trapo). Están cansados.
        Un saludo.

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